En el ritmo vertiginoso de nuestra cotidianidad, el 8 de marzo se nos presenta no como una pausa en el calendario, sino como un recordatorio del pulso que sostiene nuestra civilización: el de las mujeres que, paso a paso, transformaron el «no» en una posibilidad.
Esta fecha no nació del azar. Es el eco de las trabajadoras que en 1908, entre el humo de las fábricas neoyorquinas, alzaron la voz por una vida más humana. Es la huella de Clara Zetkin imaginando un mundo interconectado en 1910, y es la fuerza de aquellas que en la Rusia de 1917 marcharon por «Pan y Paz», logrando que su reclamo hiciera temblar los cimientos de la historia.
En nuestra región, esta herencia ha sido el motor de una transformación silenciosa pero imparable. Nuestras pioneras, aquellas que en cada uno de nuestros países se atrevieron a ser las «primeras» en entrar a las aulas universitarias cuando el saber les estaba vedado. Hoy asistimos a lo que llamamos la «feminización de la medicina»: en muchas de nuestras facultades, 7 de cada 10 estudiantes son mujeres. Hemos pasado de ser sanadoras invisibles en la antigüedad a ser la mayoría de la fuerza laboral que sostiene los sistemas de salud.
Sin embargo, esta presencia mayoritaria no ha borrado las inequidades. Al mirar nuestra realidad profesional, la reflexión se vuelve agridulce. Persisten los «techos de cristal»: a nivel global, las mujeres representamos el 70% del personal sanitario, pero solo ocupamos el 25% de los puestos de liderazgo y decisión. Seguimos enfrentando brechas salariales, la desigual carga del trabajo de cuidados no remunerado y prejuicios que aún cuestionan nuestra capacidad en ciertas especialidades o cargos jerárquicos.
A esta realidad se suma la mirada al resto del mundo, donde existen rincones —en Afganistán, Irán o zonas de África— donde el 8 de marzo es un silencio obligado. Allí, la educación de una mujer sigue siendo un acto de rebeldía.
Esta fecha, es una invitación a mirar a nuestro alrededor, para dejar de lado que la búsqueda es un objetivo de paridad numérica, sino la de garantizar que como sociedad estamos construyendo un ambiente más humano. Honrar el pasado es la mejor manera de asegurar que el futuro sea un lugar para todas las personas que habitamos esta tierra.
Bibliografía y fuentes de consulta
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OMS / ONU Mujeres (2023):Gender pay gap in the health and care sector: a global analysis. (Datos sobre brecha salarial y liderazgo).
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PNUD (2024):Feminización y brechas laborales: Género en el Sector Salud. (Análisis regional sobre trayectorias académicas y profesionales).
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Varela, Nuria:Feminismo para principiantes. (Historia de los movimientos sociales).
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Cano, G.:Historia de las mujeres en Iberoamérica. (Pioneras y acceso a la educación superior).
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Amnistía Internacional:Informe sobre derechos civiles y restricciones de género en Oriente Medio.
Escribe: Dra. Silvia Jakimczuk